Cuando una comunidad necesita reparar una fachada, un balcón o una cornisa, una de las primeras dudas suele ser la misma: ¿andamio o trabajos verticales? La respuesta no depende solo del precio. Importan el tipo de reparación, la extensión de la zona afectada, la accesibilidad del edificio y el tiempo necesario para realizar el trabajo. En Level On realizamos trabajos verticales mediante acceso por cuerda en Barcelona y Madrid, pero antes de elegir un sistema valoramos qué necesita realmente el edificio y cuál es la forma más adecuada de intervenir.
No hay un sistema mejor para todos los edificios
A veces la comparación entre andamio y trabajos verticales se presenta como si uno tuviera que ser siempre mejor que el otro.
En la práctica no funciona así.
Los dos sistemas permiten trabajar en altura, pero responden mejor a situaciones diferentes.
Un andamio crea una zona de trabajo continua delante de la fachada. Puede resultar útil cuando hay que actuar durante bastante tiempo sobre una superficie amplia o cuando el trabajo requiere mover materiales de forma constante.
Los trabajos verticales, en cambio, permiten llegar directamente mediante cuerdas hasta la zona donde hay que intervenir.
Por eso suelen tener mucho sentido cuando el problema está localizado, existen varios puntos concretos que reparar o el edificio presenta zonas difíciles de alcanzar.
La decisión debería empezar por una pregunta muy sencilla:
¿Qué trabajo necesita realmente la fachada?
Cuando el problema está en una zona concreta
Imaginemos una comunidad donde hay que reparar dos balcones, revisar una cornisa o sellar varias zonas alrededor de unas ventanas.
En estos casos, instalar una estructura delante de toda la fachada puede no ser la única opción posible.
El acceso por cuerda permite llegar directamente a los puntos afectados y trabajar sobre ellos.
Esto puede resultar especialmente práctico en reparaciones localizadas, trabajos de mantenimiento o revisiones.
También permite evitar que una intervención pequeña termine convirtiéndose, desde el punto de vista logístico, en una obra mucho mayor.
Cuando hay que trabajar sobre una superficie muy amplia
La situación cambia cuando prácticamente toda la fachada necesita una intervención continuada.
Por ejemplo, si hay que realizar trabajos durante un periodo prolongado sobre una gran superficie, puede resultar útil disponer de una plataforma estable a diferentes alturas.
También influye la cantidad de material que hay que utilizar.
No es lo mismo sellar unas juntas o reparar varias zonas concretas que trabajar de forma continua sobre centenares de metros cuadrados.
Por eso los trabajos verticales no deberían venderse como una alternativa automática al andamio.
Hay proyectos donde son especialmente eficaces y otros donde puede tener más sentido utilizar otro sistema.
La accesibilidad puede cambiar completamente la decisión
Hay edificios donde llegar hasta la zona deteriorada es relativamente sencillo.
En otros, la propia forma del inmueble complica bastante el acceso.
Los patios interiores son un buen ejemplo.
Puede haber poco espacio en el suelo, balcones, terrazas, instalaciones o zonas de paso que dificulten colocar una estructura.
Algo parecido ocurre con medianeras, fachadas estrechas o determinados elementos situados en altura.
En estas situaciones, poder acceder directamente desde arriba mediante cuerdas puede simplificar mucho la intervención.
No porque la cuerda sea siempre mejor, sino porque permite llegar donde otros sistemas pueden resultar más complicados de instalar.
El impacto sobre vecinos y comercios también cuenta
Una obra no ocurre en un edificio vacío.
Hay personas que entran y salen, vecinos que utilizan balcones y ventanas y, muchas veces, comercios que necesitan seguir funcionando.
Un andamio puede permanecer instalado durante parte del trabajo y ocupar espacio delante de la fachada.
Cuando una intervención puede realizarse mediante trabajos verticales, se evita en muchos casos mantener una estructura continua durante todo ese periodo.
Esto puede reducir el impacto visual y algunas molestias sobre accesos o locales.
Pero trabajar con cuerdas tampoco significa trabajar sin organizar el entorno.
Sigue siendo necesario proteger las zonas correspondientes y planificar correctamente el paso de personas, materiales y operarios.
La diferencia está en que la ocupación puede ser menor cuando el tipo de trabajo lo permite.
¿Los trabajos verticales son siempre más baratos?
No.
Es probablemente una de las ideas que más conviene aclarar.
Al evitar determinados costes relacionados con el montaje y permanencia de estructuras auxiliares, los trabajos verticales pueden resultar económicamente interesantes en muchas intervenciones.
Pero eso no significa que siempre sean la solución más barata.
Si el trabajo es muy extenso, requiere mucho material o necesita una presencia continuada sobre toda la fachada, la comparación puede cambiar.
Por eso el precio del sistema de acceso debería analizarse junto con el coste de realizar realmente la reparación.
Elegir primero la alternativa aparentemente más económica y pensar después cómo hacer el trabajo es hacerlo al revés.
¿Y cuál permite empezar antes?
También depende del proyecto.
Los trabajos mediante cuerda no requieren montar una gran estructura delante de toda la fachada y esto puede simplificar la preparación de determinadas intervenciones.
Pero el tiempo total no depende solo del acceso.
Depende sobre todo de lo que haya que reparar.
Una actuación localizada puede realizarse de forma relativamente ágil.
Una rehabilitación extensa necesitará más tiempo independientemente de cómo lleguen los operarios hasta la fachada.
Por eso es preferible hablar de una organización más sencilla en algunos proyectos que prometer automáticamente una obra mucho más rápida.
La seguridad no debería utilizarse para vender un sistema
Una comunidad tampoco debería elegir pensando que un sistema es “seguro” y el otro no.
Tanto el andamio como las técnicas de acceso mediante cuerdas necesitan una correcta planificación y profesionales preparados.
Para el propietario o el administrador, lo importante es que la empresa pueda explicar con claridad cómo se va a realizar la intervención y por qué ha elegido ese sistema.
No hace falta conocer todos los detalles técnicos.
Sí conviene poder entender:
qué se va a hacer, desde dónde se trabajará y cómo se organizará la zona.
Un ejemplo sencillo: reparar varios balcones
Supongamos que en un edificio aparecen pequeñas zonas deterioradas en varios balcones.
La reparación no afecta a toda la fachada.
En un caso así puede estudiarse si el acceso por cuerda permite alcanzar directamente los puntos afectados.
La situación sería diferente si todos los balcones necesitaran una intervención profunda y continuada o si hubiera que trabajar también sobre toda la superficie de fachada.
El edificio puede ser el mismo.
Lo que cambia es el alcance del trabajo.
Y ese alcance es lo que debería determinar el acceso.
¿Puede utilizarse más de un sistema en el mismo edificio?
Sí.
No todas las zonas de un inmueble tienen por qué resolverse de la misma manera.
Puede existir una fachada donde resulte práctico utilizar una estructura y un patio interior donde el acceso mediante cuerdas sea mucho más sencillo.
También puede haber zonas accesibles mediante plataforma y otras que necesiten una solución distinta.
En edificios complejos, combinar sistemas puede ser más razonable que intentar resolver todo con uno solo.
Qué debería preguntar una comunidad antes de decidir
No hace falta preparar una larga lista de preguntas técnicas.
Basta con cuatro:
¿Qué zonas se van a reparar?
¿Por qué se propone este sistema de acceso?
¿Cómo afectará la intervención al edificio y a sus usuarios?
¿Está incluido todo el sistema de acceso en el presupuesto?
Si la empresa puede responder de forma sencilla y relacionada con el problema real del edificio, la comunidad tendrá una base mucho mejor para valorar la propuesta.
Primero la reparación, después el acceso
Una comunidad no debería decidir que quiere cuerdas porque parecen más económicas.
Tampoco debería asumir que necesita un andamio simplemente porque siempre se ha trabajado así.
El orden más lógico es otro.
Primero hay que identificar el problema.
Después definir qué trabajo necesita la fachada.
Y solo entonces elegir cómo acceder hasta ella.
Si todavía no está claro el alcance de la intervención, puede ser útil revisar primero cuándo conviene intervenir en una fachada antes de decidir el sistema de trabajo.
Una decisión que debe adaptarse al edificio
Andamio y trabajos verticales son herramientas para poder realizar una intervención.
No son la intervención en sí.
Cuando el problema está localizado, existen zonas difíciles de alcanzar o se quiere reducir la presencia de estructuras alrededor del edificio, el acceso mediante cuerdas puede ofrecer ventajas importantes.
Cuando el trabajo necesita una superficie continua, gran cantidad de materiales o una intervención extensa, puede ser necesario valorar otras opciones.
En Level On estudiamos cada edificio antes de definir cómo realizar el trabajo. Si una comunidad necesita reparar una fachada, balcón, cornisa o zona de difícil acceso, una valoración previa permite determinar si los trabajos verticales son realmente la solución adecuada o si conviene plantear otro sistema.
El objetivo no es trabajar siempre con cuerdas.
Es resolver el problema del edificio de la forma más adecuada posible.
¿Qué es mejor, andamio o trabajos verticales?
No existe una opción mejor para todos los edificios. La elección depende del tipo de reparación, la superficie afectada, el acceso, los materiales necesarios y la duración prevista del trabajo.
¿Los trabajos verticales son siempre más baratos?
No. En algunas intervenciones permiten reducir costes asociados a estructuras auxiliares, pero en trabajos muy amplios o con mucha necesidad de materiales puede resultar más adecuado otro sistema.
¿Cuándo suelen ser útiles los trabajos verticales?
Pueden resultar especialmente prácticos para reparaciones localizadas, patios interiores, cornisas, balcones, medianeras y otras zonas de difícil acceso.
¿Se puede rehabilitar una fachada completa mediante cuerdas?
En determinados proyectos sí, pero depende del tipo y extensión de los trabajos. Una intervención muy amplia puede necesitar otro sistema o una combinación de medios.
¿Los trabajos verticales generan menos molestias?
Cuando permiten evitar una estructura continua alrededor del edificio pueden reducir determinadas molestias e interferencias con accesos o comercios. Aun así, la zona de trabajo debe organizarse y protegerse correctamente.
¿Quién debería decidir el sistema de acceso?
La elección debería hacerse después de valorar el edificio y el trabajo necesario. La empresa responsable debe poder explicar por qué propone un sistema concreto.